Prepara el parto como quien prepara un triatlón

(Este post contiene una revelación valiosa para embarazadas o personas con amigas embarazadas)

No se la de partos que me narraron durante mi embarazo. La mayoría nada parcos en detalles. (Qué necesidad señora…)

Pues de todas esas historias acabé sacando dos conclusiones:

1. Que no es tan horrible si mucha gente repite.
Este primer pensamiento me sirvió para relativizar.

Y 2. La historia de cada parto es la combinación de suerte y preparación. Y más lo segundo, que encima, es lo que está de nuestra mano.

 

Antes de contar mi experiencia quiero decir que yo trabajé hasta pasada la semana 33, con bastantes escaleras y jornada partida. Sé lo que es que, al llegar, el sofá te llame como las sirenas a Ulises…

Cada día hice mínimo 1 hora de ejercicio, además, la diabetes gestacional convirtió luego en “obligación” lo que yo ya hacía por convicción. Unos días andaba, otros nadaba, y otros hacía las dos cosas.

Las caminatas eran de media 10 kilómetros, todavía el día antes de dar a luz hicimos 12 con unas buenas cuestas. A nadar empecé de cero, el primer día pensé que no acababa el largo de la piscina sin parar. Acabé haciendo, en cada sesión, unos 60 largos de 25 metros. Además la piscina se convirtió en el momento relax del día. A veces pienso que a Manuela le gusta tanto el agua por todas las horas que pasamos sumergidas desde que ella era solo una lenteja.

Cuando llegué a la semana 34 empecé con la preparación del suelo pélvico, con los masajes perineales, con las indicaciones de la matrona, un vídeo de YouTube y un marido servicial.

Una semana después (semana 35) empecé a utilizar el que para mí merece podio en el top 10 de los inventos mundiales. El Epi-No.
De “episiotomia no”, si no lo conocíais, está revelación vale ORO, amigas.

El cacharrín en cuestión es un ejercitador del suelo pélvico para preparar el periné para la fase del expulsivo en el parto.

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Es un balón de silicona que os introducís, hincháis una vez dentro, con una perilla manual, y mantenéis ahí unos minutos, durante los cuales podemos hacer un ejercicio más completo contrayendo y soltando. Una vez pasado este tiempo, expulsamos el balón hinchado, de manera que la zona va acostumbrándose a la sensación que tendremos al dar a luz.

Progresivamente vamos comprobando cómo los músculos, cada vez más laxos, nos permiten alcanzar un mayor diámetro.

Es carillo, anda como por los 100 euros, pero lo bueno es que después de dar a luz también sirve para recuperar el tono muscular después del parto, y para prevenir la incontinencia urinaria de esfuerzo y el prolapso de los órganos pélvicos.

De que funciona, doy fe, y aporto un dato: acabé el parto con 0 puntos y “todo” como si no hubiera pasado nada.

De nada, amigas.

*Por cierto, libro de cabecera durante el embarazo: Qué se puede esperar cuando se está esperando.

La (no tan ) dulce espera. Diabetes gestacional

Uno de los sustos que me llevé en el embarazo (aunque no hubo muchos, no fue el único), fue el diagnóstico de Diabetes gestacional.

En la semana 26 realicé la prueba del azúcar, oficialmente Test O’Sullivan, cuyo objetivo es descartar diabetes gestacional. El test determina la cantidad de glucosa en sangre una hora después de haber tomado una dosis por vía oral. Vamos, que te tomas un jarabe de azúcar, con inmerecida mala fama -no nos engañemos, peores cosas nos bebimos…-, y pasada una hora te sacan sangre.

Si el O´Sullivan, como fue mi caso, sale alterado por tener una presencia de glucosa superior a la esperada, nos toca hacernos la conocida como curva de la glucosa. En este caso, tenemos que ir en ayuno desde la tarde-noche anterior, y tomar de nuevo el no tan horrible jarabe -mil veces peor sabe el Jägermeister-, y en este caso, los pinchazos que nos tocan son cuatro: al llegar en ayunas, a los 60 min, a los 120 min y a los 180 min.

-A algunas personas les mandan hacer dieta preparatoria antes de la curva, a mí me indicaron que NO modificara mis hábitos para no alterar resultados-

Si en la curva, dos o más de los resultados de estos análisis salen por encima de lo esperado, nos diagnostican Diabetes gestacional. Entonces, si os parecéis a mi, llegaréis a casa, abriréis san Google, caeréis en enfemeninobabycentermibebeyyo y otros foros con presencias satánicas, que os harán imaginaros pariendo una mole de 8 kilos con 5 ojos.

Tranquilidad.

Volvemos a mi semana 27 (en esa hice la curva) yo ya llevaba mis 10,3 kilacos cogidos. ¡Ole yo! Manuela andaba en un percentil 95 (límite alto de la normalidad), y un regalo del cielo en forma de positivo en este test me hizo irme a casa con una dieta específica e indicaciones para hacer ejercicio, aunque ya hacía.

El miedo a un bebé macrosómico y con problemas de salud me hizo aferrarme a aquellas indicaciones como mi Biblia. Pesé cada comida y no creo recordar habérmela saltado en ninguna ocasión en las 10 semanas restantes hasta que nació Manuela (nació en la 37). En ese tiempo, cogí sólo 2,7 kilos más, de hecho las primeras semanas incluso adelgacé.

Manuela nació con 3 kilos 200, sana y fuerte como un roble. Y pequeñina, pese a que una matrona llegó a decirme que no me emocionara mucho comprando minicuna, que igual no me entraba en ella. Os lo juro.

No tuve cesárea, mi gran pánico, otro día os contaré mi parto. Ni preclampsia, ni hipoglucemias. Ni nos tuvieron que pinchar insulina a ninguna de las dos. Y sólo tiene dos ojinos que más preciosos no pueden ser.

Me costó vencer mi sentimiento de culpabilidad en el embarazo, sentía que era mi culpa por fartona, pero luché contra él a base de sacrificio y cero antojos.

Si como yo, tenéis que repetir dosis del pseudo Jäger, preguntadme, que os cuento en detalle trucos de la dieta y del deporte. Y keep calm. ¡No es pa tanto!

 

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*Esta foto es del día antes de dar a luz. Después del parto dejé en el hospital 11 de los 13 kilos que había cogido.