La (no tan ) dulce espera. Diabetes gestacional

Uno de los sustos que me llevé en el embarazo (aunque no hubo muchos, no fue el único), fue el diagnóstico de Diabetes gestacional.

En la semana 26 realicé la prueba del azúcar, oficialmente Test O’Sullivan, cuyo objetivo es descartar diabetes gestacional. El test determina la cantidad de glucosa en sangre una hora después de haber tomado una dosis por vía oral. Vamos, que te tomas un jarabe de azúcar, con inmerecida mala fama -no nos engañemos, peores cosas nos bebimos…-, y pasada una hora te sacan sangre.

Si el O´Sullivan, como fue mi caso, sale alterado por tener una presencia de glucosa superior a la esperada, nos toca hacernos la conocida como curva de la glucosa. En este caso, tenemos que ir en ayuno desde la tarde-noche anterior, y tomar de nuevo el no tan horrible jarabe -mil veces peor sabe el Jägermeister-, y en este caso, los pinchazos que nos tocan son cuatro: al llegar en ayunas, a los 60 min, a los 120 min y a los 180 min.

-A algunas personas les mandan hacer dieta preparatoria antes de la curva, a mí me indicaron que NO modificara mis hábitos para no alterar resultados-

Si en la curva, dos o más de los resultados de estos análisis salen por encima de lo esperado, nos diagnostican Diabetes gestacional. Entonces, si os parecéis a mi, llegaréis a casa, abriréis san Google, caeréis en enfemeninobabycentermibebeyyo y otros foros con presencias satánicas, que os harán imaginaros pariendo una mole de 8 kilos con 5 ojos.

Tranquilidad.

Volvemos a mi semana 27 (en esa hice la curva) yo ya llevaba mis 10,3 kilacos cogidos. ¡Ole yo! Manuela andaba en un percentil 95 (límite alto de la normalidad), y un regalo del cielo en forma de positivo en este test me hizo irme a casa con una dieta específica e indicaciones para hacer ejercicio, aunque ya hacía.

El miedo a un bebé macrosómico y con problemas de salud me hizo aferrarme a aquellas indicaciones como mi Biblia. Pesé cada comida y no creo recordar habérmela saltado en ninguna ocasión en las 10 semanas restantes hasta que nació Manuela (nació en la 37). En ese tiempo, cogí sólo 2,7 kilos más, de hecho las primeras semanas incluso adelgacé.

Manuela nació con 3 kilos 200, sana y fuerte como un roble. Y pequeñina, pese a que una matrona llegó a decirme que no me emocionara mucho comprando minicuna, que igual no me entraba en ella. Os lo juro.

No tuve cesárea, mi gran pánico, otro día os contaré mi parto. Ni preclampsia, ni hipoglucemias. Ni nos tuvieron que pinchar insulina a ninguna de las dos. Y sólo tiene dos ojinos que más preciosos no pueden ser.

Me costó vencer mi sentimiento de culpabilidad en el embarazo, sentía que era mi culpa por fartona, pero luché contra él a base de sacrificio y cero antojos.

Si como yo, tenéis que repetir dosis del pseudo Jäger, preguntadme, que os cuento en detalle trucos de la dieta y del deporte. Y keep calm. ¡No es pa tanto!

 

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*Esta foto es del día antes de dar a luz. Después del parto dejé en el hospital 11 de los 13 kilos que había cogido.